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La mosca de los cítricos

¡Hola concienzudos! Hoy os mostramos esta ilustración donde podeis ver cómo la famosa Drosophila melanogaster o ‘mosca del vinagre’ y otras especies del mismo género, puede considerse tambien como la ‘mosca de los cítricos’. El trabajo científico donde han descubierto esta preferencia de la mosca por poner sus huevos en frutos cítricos, comenta que tiene como función la protección de los huevos de la mosca ante el ataque de posibles depredadores como las avispas y que detestarían el olor de las naranjas y similares.

Drosophila citricosPara los más curiosos podeis encontrar más información en este enlace: http://www.natureworldnews.com/articles/5221/20131207/fruit-flies-hide-eggs-oranges-protect-parasitic-wasps.htm

 

 

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La vie… en rose?

A las preguntas sin respuesta:

¿emite algún sonido un árbol al caer si no hay nadie alrededor para oírlo? ¿una vida más larga… acortaría la muerte?

O

¿por qué apretamos más fuerte los botones del mando a distancia cuando se está quedando sin pilas?

Se une ahora una nueva pregunta ¿Existe realmente el color rosa?

Si bien es cierto que todos y cada uno de los que estáis leyendo esto habéis imaginado claramente ese color al leer la pregunta, que hay gente que incluso es capaz de distinguir entre diferentes tonalidades de dicho color (rosa, rosa palo, rosa chicle, coral, salmón, fuxia…) y que incluso tiene asignadas coordenadas de color (HTML #F7BFBE;  RGB (247, 191, 190); CMYK (0, 25, 14, 0); HSV (1°, 23 %, 97 %)), no está claro que “exista”.

Parece ser que existe un consenso científico a este respecto puesto que este color no forma parte de la región del espectro electromagnético. Lo que quiere decir que no existe ningún objeto ni ser en el mundo que “emita luz rosa”. Cuando vemos flamencos, chicles de fresa, o una goma de borrar rosa, lo que está detectando nuestro cerebro en realidad es la combinación de dos colores, el rojo y el violeta, que curiosamente están situados en los extremos opuestos del arcoíris.

No obstante, también hay científicos que han adoptado la postura contraria (como es el caso del Dr Jill Morton de la universidad de Hawaii). Él y otros colegas afirman que, si bien no hay nada emita luz rosa, negar la existencia del color tampoco es totalmente correcto, porque sí existe como la suma de otros colores.

En cualquier caso, los flamencos y demás seres rosados pueden estar tranquilos, porque independientemente de la existencia o no del color, la percepción que tenemos de ellos será exactamente la misma.

Es curioso cómo lo que damos por sentado puede no ser tan real como pensábamos…

¿Ciencia o Magia? La capa de invisibilidad

senyorInvisible¿Quien no ha querido alguna vez ser invisible? Desde camuflaje en el campo militar hasta pasar desapercibido en situaciones incómodas, desaparecer es algo que a todos nos vendría bien en una ocasión u otra, y por desgracia no tenemos acceso a varitas mágicas o capas para tal efecto… De momento

Recientemente; John C Howell, investigador de la universidad de Rochester en Nueva York, y su hijo Benjamin han desarrollado un dispositivo capaz de “doblar” los rayos de luz para que eviten el contenido, de forma que desde fuera parece vacío. El sistema está compuesto de bloques de agua orientados de forma que la luz incidente refracta, como se ve en el esquema.

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A pesar de que no es la primera vez que se oye hablar de hacer objetos invisibles, sí es la primera en la que los materiales son tan baratos y corrientes que podría reproducirse a escalas mucho mayores. Sin embargo, no es oro todo lo que reluce: El objeto solamente es invisible para alguien que lo mira de frente. A pesar de ello, existen muchos interesados en desarrollar técnicas a partir de esta idea, así que puede que en breve veamos gente invisible por la calle… ¡bueno, o no!

Publicación original: John C Howell, Benjamin Howell. Simple, broadband, optical spatial cloaking of very large objects (2013) arXiv 1306.0863v2

¿Te puedes oler a ti mismo?

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Es posible que tú no seas capaz de identificar tu huella dactilar de entre un montón de ellas, pero tu cerebro sabe a qué hueles. Por primera vez, los científicos han demostrado que las personas reconocen su propio aroma basándose en una combinación única y personal de proteínas del complejo mayor de histocompatibilidad (siglas en inglés: MHC), que son moléculas similares a las utilizadas por los animales para escoger a sus parejas. Ello sugiere que los humanos pueden también explotar estas moléculas para diferenciar unas personas de otras.

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Los péptidos MHC se encuentran en la superficie de casi todas las células del organismo ayudando a informar al sistema inmune de que dichas células son nuestras. Debido a que la combinación de péptidos MHC es única para cada persona, el cuerpo puede detectar patógenos invasores y células ajenas. Durante las dos últimas décadas, los científicos han descubierto que éstas son clave para la comunicación entre animales, incluyendo a ratones y peces, en comportamientos tales como la selección de parejas sexuales. Por ejemplo, en 1995 se llevó a cabo un experimento (apodado como el “estudio de la camiseta sudada”) en el que se concluía que las mujeres prefieren el olor de un hombre con genes MHC diferentes a los suyos.

En este nuevo trabajo, Thomas Boehm (un investigador del Instituto Max Planck de Inmunobiología y Epigenética) y sus colegas testaron si las mujeres pueden reconocer proteínas MHC similares a las suyas pero diseñadas y sintetizadas artificialmente en el laboratorio. El experimento consistía en aplicar disoluciones de estas proteínas a las axilas de las mujeres justo después de la ducha, tras lo cual ellas decidían cuál les gustaba más cómo olía. Como resultado, las mujeres prefirieron llevar aromas sintéticos con sus propias proteínas MHC pero, ¡sólo en los casos de que fueran no fumadoras y no tuvieran catarro! No obstante, el estudio no determina qué prefieren las mujeres en otras personas.

A continuación los investigadores quisieron saber si dichas preferencias estaban realmente basadas en la respuesta cerebral a dichas proteínas. Para ello utilizaron técnicas de imagen por resonancia magnética funcional y concluyeron que existía una región concreta dentro del cerebro que solamente era activada por péptidos miméticos de las MHC propias. El cerebro mostró también una respuesta similar a todas las combinaciones de MHC ajenas, lo que sugiere que cualquier preferencia por cómo otra persona huela no se corresponde con una preferencia hacia un tipo de MHC concreto. Es decir, que solamente distinguimos nuestra preferencia entre lo propio (nuestras MHC) y lo ajeno (cualquier combinación de MHC distinta a la nuestra), no entre distintos tipos de MHC.

Anteriores estudios sobre los perfumes han demostrado que diferentes olores amplifican los aromas naturales de diferentes tipos de MHC; por ejemplo, el melocotón puede combinar mejor con tu propio olor, mientras que la vainilla puede hacerlo con el de tu mejor amigo. Esto, según Boehm, podría ayudar a explicar por qué la gente prefiere distintos perfumes sobre ellos que sobre los demás.

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Pero aún abundan las preguntas sobre la fisiología de éste sistema, por ejemplo: ¿cómo son detectados estos péptidos MHC en la nariz?, ¿qué receptores son los que “sienten” que están ahí?, ¿cómo se relaciona esto con la microbiota del organismo (la colección de microbios que viven dentro de y sobre nosotros) que también podría modular las preferencias individuales a los olores?…

En resumen, aún no se conoce la fisiología completa del sistema, pero éste constituye un buen comienzo.

Fuente: Can you smell yourself?, Sarah C.P. Williams.  ScienceNow 22 January 2013 (online link)

 

Link al artículo original en inglés (libre acceso) à

http://rspb.royalsocietypublishing.org/content/280/1755/20122889.full.pdf+html

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