Curiosidades, Descubrimientos y Tecnología

¡Saludad a vuestro tátara-tátara-…-tátarabuelo!

¡Feliz vuelta de vacaciones concienzudXs!

Seguro que este verano habéis hecho montones de planes y habéis cargado las pilas para volver a la rutina con energías renovadas 🙂

Y os preguntaréis, ¿me habré perdido algún descubrimiento científico chulo en este tiempo?

¡Pues sí!

Aunque es posible que algunos de vosotros ya lo sepáis, esta semana os vamos a hablar de un hallazgo arqueológico impresionante y es que: ¡por fin le vamos a poner cara al abuelo de Lucy!

Pero espera… ¿Quién es Lucy?

Reconstrucción del Australopithecus afarensis Lucy y pisadas de este homínido.

Corría el año 1974 cuando en Hadar, Etiopía, el equipo del paleoantropólogo Donald Johanson encontró un esqueleto de una hembra Australopithecus afarensis del que se conservaba el 40% en una región cuyos sedimentos databan de hacía 3,2 millones de años. Este ejemplar medía poco más de un metro, pesaba alrededor de 28 kilos y tenía 22 años cuando murió. Posteriormente se encontraron pisadas de A. afarensis en Tanzania, que demostraban más allá de la estructura biomecánica del esqueleto que esta especie era BÍPEDA.

Este resto antropológico de un ancestro directo del Homo sapiens permitió explicar con mayor claridad la relación entre el resto de los primates y los humanos, e impulsó una ola de investigaciones que llevó al descubrimiento de nuevas especies como el Ardipithecus o el A. sediba. Lo más importante de todo esto es que gracias a estos fósiles ahora sabemos que el proceso evolutivo del H. sapiens no fue lineal, que hubo varias especies que coexistieron en el tiempo con sus particularidades anatómicas propias, y que muchas de ellas acabaron extinguiéndose, como por ejemplo los neandertales.

A pesar de que hay estudios genéticos que sugieren que nos separamos evolutivamente de los chimpancés hará unos 13 millones de años, los fósiles nos dan mucha información que no podemos tener analizando una secuencia genética.

Cráneo de Australopithecus anamensis de 3,8 millones de años y reconstrucción facial. © Dale Omori, Museo de Historia Natural de Cleeveland

Y por eso es tan importante el descubrimiento que se ha publicado en la prestigiosa revista Nature. ¿Intrigados? Pues el grupo de Yohannes Haile-Selassie del Museo de Historia Natural de Cleveland y el de Stephanie Melillo del Instituto Max Planck Institute de Antropología Evolutiva han descubierto el primer cráneo de Australopithecus anamensis, de hace 3,8 millones de años, en la región de Woranso-Mille en Etiopía. Esta especie es la predecesora del A. afarensis, y hasta ahora sólo se habían recuperado trozos de mandíbula y algún diente. Este fósil es justo del periodo entre hace 4,1 y 3,6 millones de años en el que se estima que el A. anamensis dio lugar al A. afarensis, con lo que este cráneo no sólo permitirá hacer una reconstrucción facial de cómo era el abuelo de Lucy (que a su vez es nuestro tátara-tatara-…-tatarabuelo), sino que implica que las dos especies de Australopithecus coexistieron durante aproximadamente 100.000 años, lo que pone en tela de juicio la transición “lineal” de A. anamensis a A. afarensis aceptada hasta ahora en la comunidad científica.

¿No os encanta que la ciencia esté constantemente cuestionando sus “pilares” para esclarecer la verdadera realidad?

¡Feliz semana!

 

Por si queréis echar un vistazo a los artículos científicos de los que hablamos aquí los tenéis 😉

  1. Yohannes Haile-Selassie, Stephanie M. Melillo, Antonino Vazzana, Stefano Benazzi, Timothy M. Ryan. A 3.8-million-year-old hominin cranium from Woranso-Mille, Ethiopia. Nature, 2019; DOI: 10.1038/s41586-019-1513-8
  2. Beverly Z. Saylor, Luis Gibert, Alan Deino, Mulugeta Alene, Naomi E. Levin, Stephanie M. Melillo, Mark D. Peaple, Sarah J. Feakins, Benjamin Bourel, Doris Barboni, Alice Novello, Florence Sylvestre, Stanley A. Mertzman, Yohannes Haile-Selassie. Age and context of mid-Pliocene hominin cranium from Woranso-Mille, Ethiopia. Nature, 2019; DOI: 10.1038/s41586-019-1514-7
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Curiosidades, Descubrimientos y Tecnología

Madera transparente ¿realidad o alquimia?

¡¡Feliz comienzo de semana concienzudXs!!

Como sabéis, cada vez estamos más concienciados de que el mantenimiento de nuestro entorno depende principalmente de lo que nosotros hagamos de él. La semana pasada se lanzó el reto de intentar no consumir productos con envases desechables durante siete días, en algunas de nuestras ciudades empezamos a ver contenedores para materia orgánica, hay protocolos de limitación de circulación de vehículos por la contaminación….

Pero esta “conciencia ecológica” va más allá de nuestros pequeños gestos diarios, y una de las áreas de la ciencia que trabaja activamente en ella es la de los materiales. Justamente la semana pasada salió publicada en los medios una noticia digna de ciencia ficción. Y es que un científico sueco había revolucionado el mundo de los materiales creando… ¡madera transparente!

Quedaos con este nombre: Lars Berglund. Este profesior del Wallenberg Wood Science Center del Real Instituto de Tecnología de Estocolmo (KTH) tuvo una idea de científico loco hace unos años. Quería obtener un material de base biológica para emplear en construcción, que fuera rígido como la madera, capaz de absorber el calor, biodegradable y que dejara pasar la luz. En sí la madera era el material que buscaba, pero no era transparente, así que su planteamiento fue sencillo: ¿y si hago transparente la madera? La idea fue bastante controvertida en el campo de los materiales, pero su grupo hizo una aproximación experimental tan genial como “sencilla”: eliminar la lignina de la madera y sustituirla por un polímero transparente.

Científicamente, la lignina (de la que la madera recibe su nombre, ya que en latín lignum es madera) es un polímero polifenólico que se deposita en las paredes de las células de las plantas. Es una sustancia hidrofóbica que elimina agua de las paredes celulares, limita la difusión lateral, facilitando el transporte longitudinal y refuerza la resistencia mecánica de los tejidos, además de hacer resistentes a las células frente a ataques bacterianos. Es una molécula muy abundante en las plantas  leñosas y es el segundo biopolímero más abundante en la Tierra, tras la celulosa. Los árboles pueden tener entre un 20 y un 30 % de lignina, mientras que las hierbas por debajo del 20 %.

Para nosotros, los mortales comunes, es la sustancia que forma parte de la pared celular de las paredes vegetales que dota a estas células de una dureza y resistencia que las permite crecer en la estructura que conocemos como madera.

Una de las principales ventajas de este material es que su capacidad de absorción del calor, a diferencia de los cristales habituales, evitaría que se “reconcentre” el calor en las casas, generando espacios térmicamente protegidos, lo que ahorraría costes y huella de carbono para climatizar las casas y además podría revolucionar el campo de las placas solares. El investigador afirma que sería también un material óptimo para fachadas, ya que al extraer la lignina, la madera se vuelve blanca, dejando pasar la luz pero pudiendo mantener la privacidad del interior de las viviendas.

Comenzó sus estudios en 2016 y han estimado que en cinco años esta tecnología podría estar disponible en nuestras casas.

¿Ficción? ¡No! Una vez más es ciencia 😉

 

 

Descubrimientos y Tecnología, juegos, Neurociencia

Cómo jugar a ser científico

¿Pasas los ratos muertos jugando al Candy Crush? ¿Eres un as en el buscaminas? ¿Coloreas mandalas para desestresarte? Ahora puedes seguir jugando y relajándote a la vez que contribuyes al próximo gran descubrimiento científico.

Te presentamos Mozak, un videojuego gratuito desarrollado por el centro de ciencia del juego en colaboración con el instituto Allen del cerebro. En él, podrás convertirte en un neurocientífico desarrollando modelos de células cerebrales.

En principio parece sencillo, tan sólo debes seguir las intrincadas ramas de cada célula e irlas trazando. No obstante, según vayas avanzando tendrás que ir adivinando a donde lleva cada una y quizás rectificando por el camino. De esta forma ayudaras a comprender la estructura de tu cerebro e irás reconstruyendo las células en 3D que lo conforman!

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Y, por si te quedas con ganas de más, aquí te dejamos el link de otros dos juegos con los que contribuir con el avance científico, Foldit, donde resolviendo puzzles podrás predecir la estructura tridimensional de las proteínas y aportar tu granito de arena al desarrollo de nuevos fármacos o combustibles:

Neo, un juego que saldrá próximamente con el que te sumergirás en fantásticos mundos microscópicos y conseguirás habilidades y objetos especiales que  te permitirán llevar tu traje espacial al próximo nivel:

 

Alimentación

Ya sabemos que el agua no se convierte en vino. ¿Pero se puede convertir la grasa en agua?

Todos hemos oído hablar de la milagrosa transformación de agua en vino (y muchos más han soñado con repetirla), o de la infatigable búsqueda de los alquimistas intentando convertir el plomo en oro. Estos son sólo algunos intentos (infructuosos hasta el momento) de obtener bienes valiosos a partir de lo que nos sobra.

Y ¿qué nos sobra hoy en día? Kilos, sin duda nos sobran kilos. En una sociedad en la que cada vez hay mayor incidencia de sobrepeso y obesidad (16.7% de la población española en 2017, según la OCDE), y a la vez una mayor obsesión con la forma física, muchos pensarán que sería genial poder convertir esa grasa, esos kilos de más, en algo como agua. Pero esto no sería ningún milagro, esto es algo que ocurre actualmente en nuestro organismo y que para algunas especies supone una importante adaptación a su ambiente. Sigue leyendo “Ya sabemos que el agua no se convierte en vino. ¿Pero se puede convertir la grasa en agua?”