Curiosidades, Neurociencia

Retina, fantasmas y pseudociencia


Estoy seguro de que seréis muchos los que hayáis estado en una situación en la que alguien dice que puede ver o sentir cosas que poca gente puede. Con “cosas” me refiero a espíritus, áureas, energías, chakras y un sinfín más. Pero ¿qué tiene que decir la ciencia al respecto?

Si queremos entender mejor el proceso de “ver algo” es necesario aclarar ciertos conceptos de física y de biología. Para que podamos ver un objeto necesitamos una fuente de luz. No importa si es natural, como la que proviene del sol o de los relámpagos, o si artificial, como la que puedes encontrar en un teléfono móvil, una linterna o una lámpara. Estas fuentes de luz emiten fotones. Los fotones poseen una propiedad muy especial, y es que pueden funcionar a la vez como onda (electromagnética) o como partícula. Esto es un tema que daría para otro artículo, así que quedémonos con que los fotones son unas unidades muy pequeñas de la que está formada la luz. Una vez estos fotones viajan desde la fuente de luz, se propagan en línea recta a una velocidad constante de 299792 km/s. Esta es la velocidad de la luz y tanto la física teórica como la experimental afirman que no hay nada más rápido en el universo.

Viajando a esta velocidad tan vertiginosa los fotones van a encontrarse por su camino objetos de cualquier tipo y van a chocar contra ellos. Este contacto entre el objeto y el haz de luz puede generar dos situaciones: o bien el objeto es transparente o translúcido y permite el paso de los fotones con o sin deformaciones respectivamente (estas deformaciones se conocen en física como reflexión y refracción) o bien algunos son absorbidos y otros enviados en todas las direcciones. Este proceso es crucial para poder entender el proceso de ver formas, colores y distancias.

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De tal forma, cada objeto tiene unas propiedades de absorción y de reflejo de luz. Para ello hay que hacer referencia al espectro electromagnético, que son las distintas posibilidades que tienen las ondas electromagnéticas de existir. De todo el espectro, los humanos, por limitaciones biológicas, solo podemos apreciar una pequeña porción de todo el espectro que va desde los 390 nm a los 700 nm de longitud de onda.

Cada objeto, por tanto, absorbe una gran parte del espectro electromagnético y emite una pequeña porción de vuelta, de la cual solo podemos ver aquello que emite que entre dentro de la luz visible para los humanos. En ese viaje de vuelta no ocurre nada relevante. No al menos hasta que llega al ojo humano. Este es un órgano muy complejo y sofisticado que ha adquirido ciertas capacidades tras varios millones de años de evolución. Una vez ese haz de luz llega al ojo, pasa por la córnea y el cristalino realiza unas modificaciones en su trayectoria para facilitarle un poco las cosas a la retina.

ojo

En la retina encontramos los conos y bastones, unas células especiales que son excitables ante la llegada de los fotones de luz.

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a) Esquema de conos y bastones. b) Conos y bastones en microscopio de barrido.

Estas células de la retina son capaces de convertir esa señal lumínica en impulsos nerviosos que llegan hasta la corteza visual de tu cerebro. Esta región de la corteza cerebral es la encargada de reorganizar la información visual y generar las imágenes del

social
Corteza visual del cerebro

mundo que nos rodea. Aunque mentiría si no dijese que es la única región cerebral que participa en la función de ver.

Tras conocer todo el proceso que implica ver algo, analicemos por qué es imposible ver espíritus o “energías” (lo pongo entre comillas porque, aunque lo llaman así, no podría categorizarse como energía en el sentido físico y científico). La principal característica necesaria para que estas personas tuvieran razón es que dichas “energías” o espíritus estuviesen formados por materia. En definitiva, que su estructura básica fuera la unión de átomos. Pero no vale con tres o cuatro átomos organizados en forma de molécula. Este tamaño es insuficiente para que pueda absorber y reflejar luz. Con un tamaño tan minúsculo los haces de luz no interactuarían con estas moléculas. Necesitamos estructuras moleculares que cumplan dos condiciones: que sean lo suficientemente grandes como para absorber y reflejar la luz y que sean, a su vez, lo suficientemente grandes para ser percibidas por el ojo humano. Si fueran materia con unas características físicas que las hacen perceptibles al ojo humano, nace la primera incongruencia: ¿por qué solo unos pocos afirman poder ver estos fenómenos?

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“Espíritu”

Podrían argumentar, los defensores de la teoría de que existe lo paranormal y lo místico, que puede no depender de la cualidad del objeto, sino de las propiedades biológicas innatas de los individuos que pueden ver este tipo de sucesos. Para que esto fuera posible, este tipo de personas han de poseer una mutación genética que exprese unas proteínas funcionales en los conos y bastones de la retina del ojo, pudiendo ser activadas ante la presencia de este tipo de “entes” místicos. Pero surgen varios problemas con este nuevo argumento. El primero de todos es que la comunidad científica no ha encontrado variaciones proteicas a nivel de receptores en la retina, lo cual invalida de antemano esa premisa. Pero aún considerando que la ciencia ha flojeado en este asunto y aún no ha conseguido encontrar dichas proteínas fotosensibles, surge el otro problema. Asumiendo que existe esa mutación genética a nivel de receptores en la retina, la entidad que se “observa” ha de cumplir las propiedades físicas de todo lo que existe: tiene que poseer energía y masa. Aunque la física experimental cojea ante la detección de algunos tipos de energía, como los neutrinos, la detección de masa y ondas electromagnéticas del espectro no visible por el ojo humano es más que fiable en pleno 2019. Y siento ser el que diga que estos medidores no han encontrado nada físico asociado a dichos fenómenos que estas personas experimentan.

Esto nos lleva a dos posibles escenarios.

  • Uno de ellos es la sugestión y explicaría con gran detalle el por qué algunas personas ven o experimentan realmente este tipo de sucesos paranormales. Y es que al cerebro le encanta la información que concuerda a la perfección con la forma que tiene de ver el mundo. De tal forma que si una persona cree ciegamente que es posible ver espíritus o energías de colores que rodean a las personas y que representan su energía vital o su personalidad, es muy probable que acaben experimentando tarde o temprano algún suceso así, ya que el cerebro tiende a exagerar o inventar estímulos con tal de complacerse a sí mismo. Un ejemplo muy práctico y común es el que ocurre cuando ves una película de miedo en el cine y de vuelta a casa por la noche estás muy alerta ante cualquier cosa a tu alrededor por miedo a que aparezca ese asesino de la película. Y si en esa situación escuchas el ruido de algo en unos matorrales te falta calle para echar a correr. En este caso, al igual que en el ejemplo de la persona que ve energías, la expectativa de un suceso ha hecho que el cerebro inventara o exagerara cierta información.

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    Ejemplo de engaño visual. Las formas no se mueven, pero tu cerebro te hace creer que sí
  • La otra opción es aún más simple y es algo que lleva existiendo desde que existen los primeros núcleos de asentamientos grandes desde la Edad Media. Sí, me refiero a los timos. En este mundo hay una gran cantidad de personas que no creen en estos misticismos y que ofrecen, aún así, sus servicios como chamanes, tarots o personas que practican reiki. Se suelen aprovechar de las debilidades de las personas que atraviesan momentos difíciles en sus vidas y necesitan respuestas fáciles. Aunque también hay otro sector que consume este tipo de prácticas sin necesidad de estar atravesando un bache. Y esto refleja las carencias que ha tenido la ciencia para llegar a una gran parte de la población.

Por ello, y como conclusión, aprovecho para reivindicar la importancia del papel de las personas que invierten su tiempo en divulgar ciencia veraz y de calidad.

 

-Por Eduardo PG – (@divulganeuro)

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