Alimentación, Salud y bienestar

¿Moda o ciencia?


¿Qué diríais que tienen estas mujeres en común? Son guapas, ricas, famosas, y todas han confesado haberse comido su propia placenta después del parto.

Hoy hablamos de la placentofagia, que es el término usado para describir el acto, frecuente entre los mamíferos, de comer la placenta después del parto.

Hay numerosos estudios que barajan varias teorías para la placentofagia en mamíferos no humanos. Con el tiempo se han desarrollado varias hipótesis sobre el por qué de este mecanismo; una, diseñada para explicar la placentofagia en especies principalmente herbívoras, es que la madre sufre un cambio en la preferencia de los alimentos hacia la carnivoría en el momento del parto. Lehrman caracterizó el comportamiento de los herbívoros en el parto como “vorazmente carnívoro”. Otra hipótesis es que las madres consumen la placenta después del parto para saciar el hambre, es decir, que la anorexia antes del parto conduce a la placentofagia como un medio para mantener los requerimientos homeostáticos de ingesta de alimentos. En la literatura se ha observado que las perras evitan activamente la comida y el agua durante las últimas 24 horas de embarazo, y que la yegua con frecuencia muestra anorexia durante el parto. Una tercera hipótesis es que la placentofagia es una respuesta al hambre específica, es decir, una respuesta a necesidades nutricionales específicas u hormonales que pueden satisfacerse consumiendo la placenta. Se supone que las necesidades en cuestión son producto de cambios metabólicos o endocrinos asociados con el embarazo tardío y el parto. Una cuarta hipótesis es que las madres comen la placenta para mantener la limpieza del sitio y para evitar atraer depredadores.

En humanos, esta práctica se está poniendo cada vez más de moda en las sociedades occidentales, entre mujeres de clase media/alta. Estas mujeres consumen la placenta después del parto en batidos, cruda, o deshidrata, alegando numerosos supuestos beneficios como prevenir la depresión postparto, reducir el dolor y la hemorragia postparto, aumentar la producción de leche materna y mejorar la vinculación madre-hijo.

Sin embargo, no hay evidencias científicas que apoyen este tipo de práctica en humanos. Y no sólo eso, sino que sí hay estudios que alertan del problema de este tipo de práctica, como el ejemplo de un recién nacido en Oregón, EEUU, que sufrió una infección de estreptococos del grupo B infantil, de inicio tardío, asociada con el consumo materno de cápsulas que contienen placenta deshidratada infectada con esta bacteria.

No nos dejemos guiar por las modas sin antes consultar.

¡Buen inicio de semana!

Fuentes: Genevieve L. Buser, MDCM1; Sayonara Mató, MD2; Alexia Y. Zhang, MPH3; Ben J. Metcalf, PhD4; Bernard Beall, PhD4; Ann R. Thomas, MD3.

Neuroscience & Biohehavioral Reviews, Vol. 4, pp. 141–150. Placentophagia: A Biobehavioral Enigma (or De gustibus non disputandum est). MARK B. KRISTAL

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