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¡Feliz comienzo de semana concienzudXs!

Hoy vamos a hablaros de los trasplantes. Según la RAE trasplantar es “trasladar un órgano o un tejido vivo desde un organismo donante a otro receptor, para sustituir en este al que está enfermo o inútil”. El hecho de que el tejido que se va a trasplantar tenga que estar “vivo” es uno de los factores más limitantes a la hora de acceder a órganos que se puedan trasplantar, ya que implica que o bien se hace directamente de un donante vivo, o bien se hace al poco tiempo de que el donante haya sufrido una muerte cerebral o una parada cardiaca de la que no se les ha podido reanimar.

Transplant

Afortunadamente para nosotros, vivimos en un país en el que la población está muy concienciada de los beneficios que donar órganos tiene para la sociedad, y el número de donantes de órganos es muy elevado. Hay una multitud de órganos que se pueden trasplantar: los riñones, el corazón, el hígado, los pulmones… Generalmente es un tema que tratamos con la seriedad que se merece, ya que la calidad de vida de la persona receptora mejora de una manera radical. No obstante hay ciertos trasplantes que nos dibujan una sonrisa pícara y hacen que soltemos una risita nerviosa. Y es de esos trasplantes de los que vamos a hablar hoy.

Cuando pensamos en un trasplante, solemos pensar en el trasplante de órganos sólidos (riñones, corazón…) o de médula ósea (en el que se trasplantan progenitores hematopoyéticos). Sin embargo, también existe un tercer tipo de trasplantes: el de tejidos blandos (brazos, piernas, manos…), y es este el que nos genera un sentimiento más controvertido, sobre todo dos de sus tipos: el trasplante de cara y el trasplante de pene.

¿Por qué nos generan estos “sentimientos encontrados”?human organ for transplant

Huelga decir que nuestra cara nos autodefine, es lo que vemos cada mañana en el espejo y aquello con lo que nos identificamos no sólo a nosotros mismos, sino también a las personas que conocemos, mucho más que otras partes de nuestros cuerpos que también estén visibles (como las manos). Pero ¿qué pasa con el pene? ¿Por qué nos genera este sentimiento de “sonrojo” hablar de un trasplante de este miembro?

Posiblemente todos aquellos hombres que estén leyendo este post estéis haciendo una lista mental de los motivos por los que vuestro pene es una parte irreemplazable de vuestro cuerpo, no tan identificable por las personas de vuestro entorno como la cara, pero igual de importante (si no más para algunos). Pero básicamente, el motivo por el que nos genera conflicto es algo tan obvio como que es porque son nuestros genitales y están directamente relacionados con el sexo. Somos animales, no lo olvidéis, y el sexo es una parte muy importante de nuestras vidas, ya que más allá de la mera reproducción en sí y de ser una manera de establecer lazos emocionales con otros individuos de nuestra especie, apela a nuestro lado más irracional y nos lleva a tomar decisiones “viscerales” sin fijarnos mucho en el contenido (como muestra, mirad las campañas publicitarias).

Para que os hagáis una idea de hasta qué punto la implicación psicológica que tiene el pene es importante, os vamos a dar un dato: el primer trasplante de pene que se hizo en el mundo se quitó porque generó un “trauma psicológico” en el receptor y en su pareja. El trasplante tuvo lugar en septiembre de 2006 en un hospital militar en Guangzhou, China. El paciente (un hombre de 44 años que había perdido la mayor parte de su pene en un accidente), recibió el pene de un hombre de 22 años con muerte cerebral. A pesar del éxito quirúrgico, el paciente exigió que le quitaran el trasplante tan sólo 15 días después de la intervención porque les suponía un trauma psicológico a él y a su pareja. La decisión de extirpárselo generó mucha controversia en el mundo de la urología, ya que dos semanas no son tiempo suficiente para recuperar la totalidad de las funciones del pene (micción, erección, orgasmo y eyaculación), para lo que se estima que se pueden tardar hasta dos años desde la fecha del trasplante.

transplant surgeonsEl segundo trasplante de pene no se hizo hasta 8 años después, en diciembre de 2014, y se llevó a cabo en Sudáfrica. El paciente de 21 años había perdido su pene tras una circuncisión que fue mal y que le habían realizado tres años antes. El resultado en esta ocasión fue muy diferente al del primer trasplante, y es que ya en marzo de 2015, apenas 3 meses después de la operación, el receptor había recuperado por completo las funciones del pene (cosa que los médicos no esperaban que ocurriera hasta diciembre de 2016), y ese mismo año dejó embarazada a su pareja.

El tercer trasplante de pene que se ha realizado en el mundo ha tenido lugar este mismo mes en el Hospital General de Massachusetts, en Estados Unidos, y a pesar de que la cirugía fue un éxito aún se desconoce cuál será el resultado final para el paciente.

Todo esto nos ha generado una pregunta bastante obvia: ¿Por qué se han hecho únicamente tres trasplantes de pene en toda la historia de la humanidad (que sepamos)? La respuesta es muy sencilla: tradicionalmente, la cirugía que se realiza en mutilaciones o pérdidas accidentales de pene son las reconstrucciones. Principalmente porque los trasplantes tienen un riesgo muy importante de rechazo por el sistema inmune del paciente receptor, para lo que hay que suministrarles medicación inmunosupresora. Además existe un riesgo de fracaso importante, a pesar de los análisis previos de compatibilidades de HLA, y pueden generar problemas de segundas neoplasias. Las reconstrucciones de pene evitan todas estas complicaciones, ya que se realizan a partir de músculo y piel del propio paciente, y además tienen el componente psicológico para el paciente de que la reconstrucción de su pene se está realizando con partes de él mismo.

¿Y qué tiene que decir la ciencia de todo esto? En otros posts os hemos hablado de brazos biónicos, hay prótesis de manos, de piernas… ¿Hay algún tipo de investigación científica básica al respecto? Como os podéis imaginar la respuesta es sí. De hecho, creemos que os va a sorprender, y es que el grupo de investigación del Dr. Atala en el Wake Forest Institute de Medicina Regenerativa en Carolina del Norte, Estados Unidos, lleva desde 1992 estudiando el diseño y construcción de “penes de laboratorio”, mediante bioingeniería y a partir de células propias. Su grupo ha conseguido trasplantar este tipo de penes en conejos, y han observado que eran funcionales e incluso que el 33% de los conejos habían tenido descendencia. Sin embargo el pene de humanos es diferente al de los conejos, por lo que siguen investigando al respecto. El objetivo del Dr. Ayala es conseguir un “pene de laboratorio” obtenido a partir de células del propio paciente para mitigar tanto los problemas inmunológicos como los psicológicos, ya que sería “parte de ellos”.

¿Llegaremos a ver autotransplantes de pene en un futuro? Es pronto para saberlo, pero seguiremos pendientes para manteneros informados 🙂

¡Feliz semana!

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