Una asociación sin ánimo de lucro por la divulgación científica

¡Feliz comienzo de semana concienzudXs!

Los humanos somos unos animales un tanto particulares, por múltiples razones: tenemos que llevar ropa para evitar el frío, utilizamos una gran variedad de herramientas artificiales para sobrevivir, nos regimos por una serie de estrictas normas para garantizar una convivencia… Pero una que nos ha llamado especialmente la atención es que somos unos animales muy sociales. Tenemos relaciones de amistad que perduran a través de los años y de los lugares, sin que nos reporten un beneficio directo claro más allá del placer de hablar con un amigo de la infancia. Sin embargo tenemos varios círculos de amistades: están los amigos del colegio y la más tierna infancia, los amigos del instituto, de la universidad, del trabajo… Pero también tenemos amigos de otras actividades “extra”, como los amigos del fútbol, los de los conciertos, los de ir al monte…

Generalmente no le damos mayor importancia, porque por uno u otro motivo esos amigos han sabido granjearse un sitio en nuestro corazón, pero todos ellos han sido “seleccionados” por nosotros, y viceversa, nosotros hemos sido “seleccionados” por ellos. Si pensáis en todos y cada uno de vuestros amigos lo más probable es que sean un grupo muy variopinto, que tengáis amigos que compartan aficiones o que puedan congeniar entre ellos y otros que no. Lo cual nos plantea una pregunta muy clara ¿qué nos hace ser amigos de nuestros amigos?

¿Os lo habíais planteado alguna vez? Nosotros sí, y afortunadamente otros investigadores se habían hecho esta misma pregunta y están estudiando la base científica que nos hace establecer lazos de amistad con unas personas u otras. Al parecer, según un estudio publicado en la prestigiosa revista PNAS por Christakis y Fowler, la capacidad que tenemos para hacernos amigos de alguien y las posibilidades de tener éxito en conseguir ser amigos, están reguladas a un nivel génico.

DNA

¡Exacto! Esa misma cara se nos quedó a nosotros cuando lo leímos. La hipótesis de estos investigadores era muy clara: se sabe que la amistad es una característica fundamental de los seres humanos, y se sabe que los genes tienen un papel fundamental en las características humanas, tanto de formación de nuestros cuerpos, desarrollo, estructuras corporales e incluso los lazos de amistad. Estos últimos tienden a ser con gente fenotípicamente similar a nosotros, es decir, que tengan una apariencia parecida a la nuestra. Como el fenotipo (nuestra apariencia) y el genotipo (nuestros genes) no están del todo desligados, porque dependen el uno del otro, estos investigadores identificaron varios genes que podían estar relacionados con la capacidad de que nos “caiga mejor alguien” o que nos “caiga peor”. Hasta ahora se había visto que hay genes que tienen una correlación positiva, es decir, que aparecen entre amigos, y otros que tienen una correlación negativa, es decir, que cuando aparecen “se llevan mal”. Pero estos investigadores han hecho un estudio de todo el genoma y han generado un “índice de amistad” que se puede utilizar para predecir la probabilidad que dos personas tienen de convertirse en amigos, basándose única y exclusivamente en el parecido que tengan en sus genes. ¿Quiere esto decir que estamos “programados” para tener los amigos que tenemos y que no podemos hacer nada al respecto?

La respuesta es un rotundo NO. A pe6a012875ba0a04970c0147e126e867970b-320wisar de que podamos compartir cierto parecido en los genes con nuestros amigos, eso no quiere decir necesariamente que vayamos a ser amigos de todo aquel que tenga estos mismos patrones de genes. Generalmente tendemos a hacernos amigos de personas que viven cerca de nosotros, con las que tenemos una relación física directa. Esto implica que, probablemente, nuestros antepasados han vivido en esa misma región (ya sea la misma ciudad o el mismo país), y esto puede explicar en parte los parecidos en el genoma, pero si lo pensáis no somos amigos de toda la gente que nos rodea sólo porque esté físicamente cerca. Lo más interesante de este estudio es que, en plena era de Internet, en un mundo cada vez más globalizado… ¿se repetirán estos patrones de genes en todo el mundo? ¿Tendrán los mismos parecidos en los genes unos amigos de Australia que unos amigos de Rusia? ¿Cambiarán estas relaciones de genes y amistad en los próximos 20 años?

Si queréis echarle un vistazo al artículo aquí os dejamos la referencia: Christakis NA, Fowler JH. Friendship and natural selection. Proc Natl Acad Sci U S A. 2014 Jul 22;111 Suppl 3:10796-801. doi: 10.1073/pnas.1400825111.

¡Feliz semana!

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