Una asociación sin ánimo de lucro por la divulgación científica

¡Buenos días concienzudxs!

Hoy con nuestro artículo ponemos en jaque el refrán que lleva por título este post. Y lo hacemos hablando de un montón de especies de aves cuya característica común es que crían a sus polluelos en el nido. Asumo que todos tenemos más o menos claro lo costoso que es cuidar un hijo desde que nace hasta que consigue ser independiente (y más en la actualidad de hoy, que la independencia no está al alcance de todos). Pues a las especies de las que os hablamos hoy les pasa lo mismo, ya que llegan a invertir tanta energía en cuidar a su descendencia como la que un humano gastaría para correr el Tour de Francia; casi nada. Como estimación, cada pájaro adulto lleva al nido alrededor de 2000 presas de animales, que acaban consiguiendo que los polluelos lleguen a multiplicar por veinte su tamaño inicial.

Hasta ahora la teoría que dominaba decía que las crías tenían la capacidad de conseguir más atención paterna pidiendo comida mediante ciertas señales acústicas o de otro tipo. Básicamente, que el que no llora no mama. Sin embargo, un estudio reciente publicado en la revista Nature Communications (ver referencia) cuestiona este paradigma ya que, gracias a un estudio realizado en 143 especies de aves, se ha podido comprobar que la relación padres-hijos varía mucho entre especies. En el caso de las golondrinas bicolores, por ejemplo (Figura 1a), las crías de menor tamaño son las que más pían solicitando comida, y en este caso sí son las que más reciben. En otros casos, como el del piquero camanay (Figura 1b) o el de la abubilla (Figura 1c), los padres prefieren ignorar a las crías que están pidiendo comida y alimentar directamente a las crías más grandes. Y también hay otros ejemplos, como el del diamante de Gould (Figura 1d), en los que los padres alimentan preferentemente a las crías con elaboradas estructuras ornamentales alrededor del pico.

ncomms10985-f1

Figura 1. Diferentes formas de alimentar a las crías, según la especie.

 

Claramente esto abre el debate acerca de cuál es el significado de las señales que las crías emiten a sus padres, pues en el nido se establece cierta competición por la supervivencia entre todos los polluelos. La principal conclusión del estudio es que parte de la variabilidad existente en la comunicación padres-hijos se puede explicar mediante las diferentes condiciones ambientales a las que estén sometidas las especies. Para las especies que viven en unas condiciones relativamente buenas hay menos conflicto entre las crías, y en este caso los padres alimentan a aquéllas que muestran más necesidad de alimento. Sin embargo, en condiciones de pocos recursos, hay más conflicto y los padres pueden elegir alimentar a aquéllas crías con más posibilidad de supervivencia. De esta forma, es posible que los padres sólo alimenten a las crías de mayor tamaño o a aquéllas que emitan señales que no signifiquen necesidad, sino fortaleza.

Así que recordad, por mucho que el refranero sea sabio, no quiere decir que no sea cuestionable científicamente 😉

Referencia: Caro, S. M., Griffin, A. A., Hinde, C. A. & West, S. A. Nature Commun. http://dx.doi.org/10.1038/ ncomms10985 (2016).

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