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Todos tenemos un amigo que está loco por los animales; tiene perro, tortuga, hámster y hasta un gato, pero en cambio nosotros no conseguimos verle la gracia al asunto. Nos parece irracional el amor que nuestro amigo siente por sus mascotas. Gustos a parte, la explicación de esta satisfacción que procuran los animales a ciertas personas la encontramos en un grupo de investigadores de la Universidad de Wageningen, en Holanda.

Las emociones y el cerebro

La ciencia sostiene que la mente humana es el resultado de la conducta, en la que intervienen tres procesos diferentes básicos de desarrollo: filogénesis (evolución biológica),
sociogénesis (desarrollo cultural), y la ontogénesis (desarrollo individual). Esta distinción de las categorías se aplica al funcionamiento de las emociones, así, la evolución, la cultura, y las biografías individuales ejercen influencia sobre los diferentes aspectos de las emociones.

gatitoEn el curso de la evolución biológica, las reacciones corporales emocionales han surgido como respuestas adaptativas automáticas a situaciones de la vida, y han jugado un papel fundamental en la supervivencia y el bienestar. Los estudios revelan que las expresiones faciales de felicidad, ira, miedo, disgusto, sorpresa y tristeza son universalmente reconocidos . Esto explica por qué las personas que nacen ciegas exhiben las mismas expresiones faciales emocionales que las personas con una visión normal. Algunas respuestas emocionales son innatas y son compartidas también con diferentes especies, como por ejemplo la erección del vello corporal durante una respuesta de miedo que se ve en perros, leones, hienas, vacas, cerdos, antílopes, caballos, gatos, roedores, murciélagos, y también en los seres humanos. Por eso, hasta cierto punto, somos capaces de reconocer las expresiones emocionales de los animales, ya que éstas son similares a las nuestras. Así que cuando tu amigo te explique cómo se siente su perro, no te rías de él.

Además de haber evolucionado como respuestas de adaptación, en el sentido de la preparación del cuerpo para hacer frente a situaciones de peligro, las reacciones corporales emocionales también tienen una función de comunicación. Como en todo comunicación también es fácil que puedan surgir malentendidos. Un famoso ejemplo fue el que pasó en un zoo holandés con el gorila Bokito, que es el Alfa de su grupo. Un visitante regular del zoológico había estado mirando a Bokito directamente a los ojos muchas veces, bajo la impresión de que la respuesta de Bokito era una señal de afecto. Un día, sin embargo, el gorila logró saltar por encima de la zanja que lo separaba de los visitantes, y atacó violentamente al visitante. El gorila vio en esas miradas un desafío a su liderazgo y decidió que había llegado el momento de corregir esa falta de respeto. Malentendidos a parte, la comunicación emocional entre humanos y animales (y viceversa) ocurre a menudo; si esta comunicación es positiva, puede ser una causa de que nos gusten los animales, y poder crear lazos con ellos, especialmente con los animales domésticos. Pero de la misma manera, éste puede ser también un mecanismo de rechazo a los animales.

También se sabe, por ejemplo, que tenemos una tendencia innata a ponernos tristes cuando nos encontramos con expresiones tristes o contentos cuando nos encontramos con expresiones felices, una tendencia que se procesa de manera inconsciente, y que Hollywood sabe aprovechar. Siguiendo esta teoría, los animales pueden hacernos sentir bien. Por ejemplo, las vacas que pastan tranquilamente en prados, nos comunican que la situación es segura, y podrían inducir un estado emocional positivo.

Desencadenantes emocionales

Tenemos una tendencia innata a reaccionar con una respuesta emocional a ciertos estímulos. Los bebés recién nacidos, por ejemplo, empiezan a llorar después de un repentino ruido. Las ratas de laboratorio, sin haber visto nunca un gato, si se exponen a uno dejan lo que están haciendo inmediatamente y, o bien se quedan paralizadas, o sino tratan de escapar, en función de su distancia al gato. Para nuestros antepasados, de quienes hemos heredado nuestros genes, los animales fueron cruciales para la supervivencia, por ejemplo, como fuentes de alimentación pero también como fuentes de peligro. Por lo tanto hemos heredado una tendencia innata a reaccionar emocionalmente a algunos animales. Un ejemplo claro serían las serpientes y arañas. De ahí que las fobias a estos animales sean probablemente debidas a una disponibilidad innata. La mayoría de las personas presentan respuestas de miedo a los grandes depredadores o animales potencialmente dañinos, tales como serpientes y arañas que pueden ser mortalmente venenosas. Y, posiblemente, esta reacción emocional hacia estos animales se deba a que eran el alimento de nuestros antepasados. Estas disposiciones dan lugar al gusto (respuesta emocional positiva) o desagrado (respuesta negativa) hacia los animales.

Las regiones del cerebro en la que se almacenan estas disposiciones innatas pueden ser modificadas a través del aprendizaje. El condicionamiento es un mecanismo por el cual un estímulo previamente neutro se asocia después con un estímulo emocional. Por lo tanto, si una persona tiene una experiencia emocional con un animal, éste podría llegar a ser un desencadenante de algún tipo de emoción. No es necesario en absoluto recordar conscientemente la experiencia ya que el evento se almacena en las regiones del cerebro que operan inconscientemente. Por lo tanto, cualquier animal puede convertirse potencialmente en un estímulo emocional. El acondicionamiento puede ser una fuente de variación entre la gente con respecto a los animales que les gusta o disgusta. Por ejemplo, una persona puede haber tenido una experiencia aterradora con un perro a una edad muy joven, y no gustarle los perros durante toda su vida, incluso si esta persona no recuerda haber tenido esta experiencia. En cambio su amigo, el que odia a los gatos sin razón aparente, pudo haber tenido una mala experiencia y odiarlos para el resto de sus días.

El conocimiento, es decir, lo que aprendemos culturalmente basado en nuestras propias experiencias también puede interferir con estas etapas posteriores de procesamiento emocional. Por ejemplo, los conejos evocan en la mayoría de las personas una emoción innata positiva, debido a una predisposición que ha evolucionado desde el hecho de que los conejos son excelentes alimentos para nosotros y también porque al verlos tranquilamente en el campo nos comunican que no hay peligro. Aún así, puede que a un agricultur no le gsten estos animales, ya que pueden dañar los cultivos. El conocimiento no impedirá que el agricultor reaccione con una emoción corporal positiva inicial hacia los conejos. Entonces una reacción corporal emocional positiva puede conducir a un sentimiento negativo. Debido a los circuitos de retroalimentación en el cerebro, este sentimiento negativo puede a su vez suprimir la reacción emocional positiva del cuerpo.

En resumen, son varios los factores que influyen a la hora de nuestras preferencias hacia los animales.

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