Una asociación sin ánimo de lucro por la divulgación científica

¡Buenas concienzudos!

Hoy os traemos un experimento de realidad virtual que nos ha parecido difícil de creer. El experimento utiliza una tecnología con sensores y cascos que crea un entorno de realidad virtual conocido como “realidad virtual inmersiva”. La característica principal de este tipo de realidad virtual es que ciertos estudios han demostrado que las personas son capaces de sentir que ellos mismos están “inmersos” dentro de la realidad virtual en cuestión. Como ejemplo os dejo la reacción de varias personas cuando usan un visor que simula que están montados en una montaña rusa. Echadle un ojo, que está gracioso y algunos se asustan de verdad 🙂

 

Como podéis ver, la respuesta de las personas ya nos deja intuir que realmente se creen lo que están viendo. Esta tecnología abre un mundo de posibilidades a la hora de realizar distintos estudios, y nosotros mismos estamos probándola ya en el laboratorio.

El estudio que os traigo hoy crea un entorno de realidad virtual en el que los sujetos de estudio se encuentran en una habitación con dos personas: un avatar de sí mismos y un avatar de Sigmund Freud. Los sujetos cambiaban virtualmente entre estar en su propio cuerpo y el del Dr. Freud. Los movimientos de los sujetos (en la vida real) y de los avatares estaban totalmente sincronizados para aumentar el poder de la ilusión. Fijaos en la imagen:

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En la primera condición experimental, se les pedía a los sujetos que le describieran al Dr. Freud un problema psicológico que tuvieran. Posteriormente, “saltaban” al cuerpo de Freud y se daban consejo a sí mismos. El sujeto posteriormente volvía a su propio avatar y escuchaba la voz de Freud (que era su propia voz pero con un tono más grave para no causar confusión). En la segunda condición experimental, Freud no estaba presente y los sujetos conversaban simplemente con otro avatar idéntico a ellos mismos, simulando una situación en la que uno habla consigo mismo o en la que uno le da vueltas a un mismo problema.

Los resultados fueron sorprendentes: Aunque darte consejo a ti mismo en este entorno pareció ser efectivo, el efecto era mucho mayor si lo oías de boca del mismísimo Sigmund Freud. Los autores razonan que esto es debido a la autoridad que se le puede atribuir a la figura de Sigmund Freud, que hace considerar su criterio como más válido, de forma que tiendes a tenerlo más en cuenta. ¿Abrirá esto posibilidades a una nueva forma de autoterapia? Con tanto libro de autoayuda y similar yo no sé qué pensar, pero estad atentos.

¡Feliz 2016!

 

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