Una asociación sin ánimo de lucro por la divulgación científica

Buenos días Concienzudos!

Seguramente muchos de vosotros habréis oído hablar de la selección natural, pues bien, ese es un proceso evolutivo en el que las condiciones de un medio ambiente favorecen o dificultan la reproducción de los organismos según sean sus características y esta selección debe ser heredable de una generación a otra. Esta idea fue propuesta por Darwin para explicar la evolución biológica. Gracias a esta teoría podemos explicar por ejemplo la diferencia de color de piel, de pelo y de ojos de los humanos. A los primeros humanos que vivían en África la melanina, pigmento que colorea la piel y que protege de la luz ultravioleta que procede del sol, les suponía una gran ventaja. Sin embargo, cuando nuestros ancestros alcanzaron latitudes más altas hacia el norte de Asia y Europa supuso un problema, ya que el ser humano necesita del sol para sintetizar la vitamina D, por lo que las pieles morenas al rechazar el poco sol que había, producían una menor melanina, lo que hizo aumentar el raquitismo entre otras enfermedades. Gracias a las consecuentes mutaciones fueron apareciendo pieles más claras que sintetizaban mayor vitamina D y que se adaptaron al clima con menos sol y la selección natural hizo que relegaran a aquellos de pieles más modernas. Como ese, otros rasgos físicos se han ido determinando en función de la latitud y los diferentes climas a los que los humanos y otros animales nos hemos ido adaptando de manera evolutiva gracias a la selección natural con el fin de supervivencia. 6a012875ba0a04970c0147e126e867970b-320wi

Pues bien, la selección natural también actuó hace 4000 años en las poblaciones del Neolítico con la capacidad de digerir leche en la edad adulta como adaptación evolutiva al surgir la agricultura y ganadería. Anteriormente sólo los bebes, capaces de sintetizar esa enzima lactasa podían digerir leche como la materna. Esto es lo que han descubierto recientemente un estudio en el que participan científicos del CSIC publicado en la revista Nature. En este estudio se identifican 12 variantes genéticas seleccionadas evolutivamente a lo largo de los años como respuesta a los desafíos adaptativos entre las que se encuentra la mutación del gen lactasa que permitió a las poblaciones Europeas del Neolítico en edad adulta a consumir y alimentarse de la leche. Sin embargo, en el estudio también indican que la mutación no se requiere si procesas la leche, como para hacer queso, por lo tanto no significa que estas poblaciones no aprovecharan antes este recurso. Como indica Josep Maria Vergès, investigador del Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social, “los datos obtenidos son fundamentales para comprender el papel que han jugado las adaptaciones culturales en la configuración genética de las poblaciones europeas de la Prehistoria reciente”.

 ¡Que tengáis buena semana Concienzudos!

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 Iain Mathieson et al. Genome-wide patterns of selection in 230 ancient Eurasians. Nature. DOI:10.1038/nature16152

 

 

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