Una asociación sin ánimo de lucro por la divulgación científica

¡Buenos días concienciados!

Hoy voy a tratar un tema de sabores. Siempre se asocia el sabor, en este caso el dulce, a determinados productos como la bollería, las chucherías o las chocolatinas. Todas esas delicias tienen en común que entre sus ingredientes figura el azúcar. Este producto se trata de un disacárido, un tipo de glúcidos que metabolizamos en nuestro cuerpo para obtener “energía”, o para ser almacenados en el mismo en forma de grasa para su uso posterior. El mecanismo de acción de esta molécula es la estimulación de unos receptores gustativos situados en la lengua que emiten una señal que se transmite por las neuronas sensoriales cuando la sacarosa interacciona con ellos.

Hacia donde me quiero dirigir es que estos receptores, que se suelen comparar con el sistema “llave-cerradura”, pueden ser activados por sustancias que no son exactamente la sacarosa, como por ejemplo: la fructosa (presente en frutas y miel), o moléculas que no son glúcidos, como el aspartamo.

El último tiene una fórmula química totalmente diferente, ya que se trata de un dipéptido (con estructura proteica) y se une a estos receptores, provocando una percepción dulce, con la ventaja de que no se trata de un glúcido, por lo que no se metaboliza igual.

Como pueden entender, hay productos que saben a dulce, pero no los metabolizamos en energía ni los acumulamos en grasa, por lo tanto… Eureka!! Hemos descubierto cómo comer marranadas sin engordar!

No hay que lanzar las campanas al vuelo, existen en el mercado muchos productos que contienen aspartamo entre sus ingredientes, incluso productos con sacarosa que llevan aspartamo, porque potencia el sabor. Pero en un principio esta sustancia estaba indicada en pacientes que sufrían diabetes, o con obesidad mórbida, puesto que era una molécula tolerada por ellos y no se desvinculaban totalmente del placer adulto azucarado. Ahora ha habido un “boom” de productos light que llevan aspartamo. Sin embargo, aún hoy se siguen realizando estudios para comprobar la toxicidad y la tolerabilidad de estas sustancias, puesto que uno de los metabolitos del aspartamo es el metanol (entre otros), y este metanol, no es nada bueno oye.

Así que, resumiendo, y contestando al título, no todo lo que sabe a dulce es azúcar, ni todo lo que comemos engorda. Pero antes de volvernos locos a beber refrescos light, La Universidad de Texas llevó a cabo un estudio durante casi una década en el que demostraban que aquellos que beben bebidas gaseosas light sufren un aumento en la cintura a lo largo de los años, casi tres veces mayor a quienes no consumen estas bebidas. (Os paso en enlace: http://metro.co.uk/2015/03/17/diet-coke-actually-makes-people-fat-and-so-do-other-low-cal-drinks-5107758/ Ojo que está en inglés). Y así se queda abierta la pregunta. Si el refresco pone cero calorías, ¿por qué aumenta la cintura?

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