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Ciencia y pasado

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Normalmente cuando se habla o piensa en ciencia, se tiende a apreciar su utilidad como herramienta indispensable en el desarrollo para alcanzar el futuro. Sin embargo los adelantos científicos no solo nos ayudan a acercarnos al futuro, sino también nos ayudan a entender el pasado.  Pruebas de ello son la famosa técnica del carbono 14 (Para datar objetos y saber de que época son), los rayos X (Para ver dentro de estructuras sin dañar su contenido histórico) o incluso pueden ayudarnos a entender seres vivos que ya no están entre nosotros, como los dinosaurios (solo disponiendo de sus restos fósiles y parientes lejanos).

 

En la última semana ha vuelto a aparecer uno de estos ejemplos. Esta vez ha sido un  proyecto llamado Stonehenge Hidden Landscape, emprendido por la Universidad de Birminghan y el Instituto ludwing Boltzmann, quien ha arrojado luz sobre una de las estructuras europeas que mas incógnitas y misterio generaba del pasado… Stonehenge.

Este aislado y misterioso monumento, situado en Inglaterra, ha generado un sinfín de teorías sobre su origen y función, y sólo con el uso de avances como: el radar subterráneo y magnetometría de alta resolución, podemos acercarnos y empezar a entender el pasado de este monumento.

 

Estas técnicas se han utilizado para estudiar el terreno bajo la hierba de los alrededores  de Stonehenge y han permitido delinear un mapa de la zona, en el que se han detectado 17 monumentos y muchos otros restos neolíticos bajo la tierra que cubren una superficie de 12 kilómetros cuadrados.

Los datos generados en el transcurso de la investigación muestran estructuras circulares, puntos y líneas donde antiguamente había zanjas, edificios de madera y columnas de piedra.

Todo este entramado de templos y estructuras se desconocía hasta la fecha y cabe destacar que data de la misma franja temporal en la que se construyó Stonehenge (3.000 a.C y 2.500 d.C).

El tamaño de estas nuevas estructuras varía, en general, entre de 10 y 20 metros de superficie. Aunque se han hallado estructuras mayores como el llamado Muro de Durrington, que estaba rodeado por 60 gigantescas columnas en una circunferencia de 1.5 kilómetros de extensión. O el apodado el túmulo largo, que incluía un edificio de madera posiblemente dedicado al homenaje a los muertos.

La ubicación de este entramado de estructuras también confirma la relación entre Stonehenge y las estrellas, ya que el complejo megalítico esta alineado astronómicamente.

Además las técnicas de radar han detectado dos grandes pozos, que podrían haber albergado elevados tótems y que se encuentran en coordinación con el solsticio del verano, (uno con el amanecer y el otro con el anochecer).

 

La función principal de las estructuras sigue siendo un misterio, sin embargo al tratarse de complejo muy extenso (no una estructura aislada) y estar alineado astronómicamente, da fuerza a la teoría de que esta impresionante construcción tenía una función litúrgica, con zonas de enterramientos,  espacios para rituales y preparación del cuerpo de los difuntos.

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