Una asociación sin ánimo de lucro por la divulgación científica

Todos hemos tenido alguna vez un mal día: Empieza con una tontería como levantarse con el pie izquierdo, y terminamos deseando que llegue el mes siguiente y se nos olvide. Algunos de estos días lo que más nos apetece es irnos a una habitación oscura y ponernos a llorar como si no hubiese mañana. Y eso, ¿por qué?

Lágrimas

Las lágrimas son una respuesta fisiológica, ya sea para mantener la humedad del ojo o para reducir el nivel de hormonas provocadas por emociones.

Las lágrimas son mezclas de agua con sales que se usan de forma natural para lubricar la córnea, la parte más externa del ojo, que debe estar siempre hidratada para la correcta visión. Las lágrimas basales son las que se encargan de esta tarea, y sacan entre 10 y 20 cucharadas soperas de lágrimas diarias. Estas lágrimas son reabsorbidas por otros conductos que conectan con las fosas nasales, y son los responsables de que moquee la nariz cuando lloramos mucho.

Pero además de las lágrimas basales, existen otros dos tipos: Las reflejas y las emocionales. Las primeras se llaman así porque se producen como acto reflejo para protejer a los ojos de agentes externos dañinos como el polvo o el ácido sulfónico que desprenden las cebollas al ser cortadas. Estas lágrimas son muy parecidas a las basales, tienen un alto contenido de agua (98%) y sirven para limpiar el ojo de sustancias nocivas y mantener la lubricación natural.

Las lágrimas emocionales, sin embargo, son bastante distintas de las otras: En momentos de tristeza, emoción o dolor nuestro cuerpo produce hormonas que se esparcen por el cuerpo y, en concreto, llegan a los ojos. En este caso, las lágrimas que lloramos vienen cargadas de sustancias químicas que tienen que ver con nuestro estado de ánimo. Distintos estudios apuntan a que lloramos para deshacernos del exceso de estas sustancias y recuperar el nivel basal.

Otros estudios relacionan las lágrimas con una hormona aparentemente irrelevante en el sector ocular: la prolactina, encargada de la producción de leche. Los estudios muestran que la llorera es distinta en función de la edad y del sexo: Los bebés recién nacidos lloran para paliar una necesidad inminente (hambre, sueño…), más adelante pasan a llorar para llamar la atención, y con el advenimiento de la adolescencia y los correspondientes cambios hormonales empiezan a notarse las diferencias entre los chicos y las chicas.

Forma de las lágrimas

Fotografías de lágrimas secadas al microscopio. Son lágrimas de risa (A), cambio (B), cortar cebolla (C) y esperanza (D). Imagenes obtenidas de http://www.rose-lynnfisher.com.

En el caso de los varones, la llegada de la testosterona hace que se llore solamente en casos muy extremos, y se suple la falta de lágrimas con un exceso de sudoración, eliminando así el exceso de hormonas relacionadas con la emoción. Las hormonas que se expresan en las mujeres adolescentes son los estrógenos, y éstos no tienen el efecto de la testosterona, sino más bien al contrario. En el caso de las mujeres, las lágrimas emocionales son mucho más típicas que en los hombres, así como los enfados lo son menos. Estas diferencias menguan con la edad, tal y como lo hacen también el nivel de hormonas sexuales (testosterona y estrógenos).

Así pues, llorar es una característica fisiológica, igual que la risa. Y a pesar de que pueda resultar vergonzoso, la verdad es que está mucho más extendida la teoría “mejor fuera que dentro”, así que ¡no tengáis miedo de soltar una lagrimilla de vez en cuando!

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