Una asociación sin ánimo de lucro por la divulgación científica

Con la llegada del invierno, numerosas montañas han cubierto sus bonitos paisajes con nieve, pero en alguno de estos casos, la nieve es… ¡¡¡ROSA!!! Ya en la antigüedad, Aristóteles describía este fenómeno en sus tratados sobre naturaleza.

Los estadounidenses la han llamado nieve de sandía (del inglés Watermelon snow), y algunas personas que la han probado dicen que su sabor es ligero pero agradable. Y es que puede sonar a broma, pero este fenómeno tiene una explicación científica: hasta en los ambientes más extremos existe vida, organismos que se han adaptado durante miles de años para sacar el máximo provecho al ambiente hostil donde viven. Existe un alga, llamada Chlamydomonas nivalis, que es capaz de vivir en lugares extremadamente fríos. Pero, cuando la primavera hace su aparición, y con ella la temperatura sube, C. nivalis se altera, porque a temperaturas menos frías se alteran las condiciones idóneas para su crecimiento. El alga libera esporas, que tienen un pigmento llamado astaxantina, y las protege de radiaciones UV. Cuando esto ocurre no en un alga, sino en una población entera, surge esa coloración rosa en el manto níveo.

Así que los exploradores, caminantes y alpinistas pueden estar tranquilos, no se debe a magia, sino a ciencia.

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