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A primera vista esto podría parecer una escena de 2001: Una odisea en el espacio, sin embargo, lo que observamos es una reacción explosiva entre una pequeña gota de agua y una pizca de sodio que tiene lugar en el aire gracias a un levitador acústico. Y qué es esto de un levitador acústico, y para qué demonios sirve os preguntaréis. Pues se trata de un aparato que permite enviar ondas de ultrasonido de gran alcance entre una superficie emisora y un reflector. Cuando la onda golpea el reflector, rebota, encontrándose e interfiriendo con las ondas emitidas. Esto permite la creación de zonas estables de menor presión, llamadas nodos, que “atrapan” los objetos de forma que permanecen ahí levitando. Cambiando la frecuencia de la onda emitida por cada placa, los científicos han sido capaces de desplazar el campo acústico y manipular los objetos atrapados en el. Se trata de una nueva técnica, publicada el pasado 15 de julio en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, que se puede llevar a cabo en condiciones de presión atmosférica normal, es decir, no es necesario crear vacío como en el espacio, y permitiría manipular sustancias y reactivos en presencia de aire y sin contacto directo. De esta forma se evitaría la posibilidad de contaminar las sustancias y podría reducirse el riesgo de realizar reacciones con materiales peligrosos o corrosivos.

Trabajos previos habían desarrollado distintos métodos de levitación mediante campos magnéticos o electroestáticos, en los que es posible ejercer una fuerza en un objeto para contrarrestar la fuerza de la gravedad. Sin embargo, estos métodos sólo permitían manejar sustancias o materiales con propiedades magnéticas, mientras que las ondas sonoras no discriminan. Pese a que la levitación acústica ha sido estudiada durante casi un siglo, no ha sido hasta ahora que han sido capaces de llevarlo a cabo de forma controlada y con objetos mayores de unos pocos milímetros. Gracias a este nuevo estudio, el equipo de investigación ha conseguido realizar tareas aparentemente tan simples como mezclar café con agua, o elevar y girar un palillo, pero puede emplearse también para algunas más complejas o delicadas como la introducción de ADN en suspensión dentro de células (transfección).

Lamentablemente, las ondas necesarias para esta técnica no sonarían tan bonitas como este vals.

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