Una asociación sin ánimo de lucro por la divulgación científica

Es un hecho que, debido a nuestro ritmo de vida, los humanos nos hemos convertido en unos seres sedentarios que comen a deshora y bastante fans de la comida rápida y los refrescos. Una prueba de esto es la cantidad de anuncios que nos bombardean con fórmulas mágicas para perder peso y tener el cuerpo perfecto.

A pesar de lo poco que nos gusta ver michelines en nuestro cuerpo, el tejido adiposo tiene varias funciones esenciales para nosotros, ya que sirve como amortiguador, protege y mantiene en su lugar nuestros órganos internos, y además se encarga de diversas funciones metabólicas, como almacenar grasa, hacer de aislante térmico y de reserva energética.

Este tejido está formado por adipocitos, que son células que tienen en su interior una o varias gotitas de grasa. Si tienen una única gotita lipídica los clasificamos como tejido adiposo blanco (unilocular) y si tienen varias forman el tejido adiposo pardo (multilocular).

La grasa blanca se localiza debajo de la piel, alrededor de los órganos internos, en las mamas y en la médula ósea, y es la que tiene la función de reserva. La grasa parda se encuentra localizada estratégicamente en las regiones de alrededor del cuello y los vasos sanguíneos del tórax. Tiene una función esencial en los recién nacidos expuestos al frío, ya que es un tejido especializado en producir calor y estos no pueden tiritar ni temblar. Esta grasa se va perdiendo a medida que nos hacemos adultos.

A lo largo de los años se han realizado múltiples estudios de transformar la grasa blanca (gordura) en grasa parda (productora de calor) como terapia de adelgazamiento sin un resultado positivo. No obstante, hace poco se ha demostrado que un fármaco de uso “habitual” podría tener la clave de esta transición.

Sin título

Un estudio reciente de los efectos secundarios de la conocida Viagra ha demostrado que, al tratar a los ratones con este compuesto, varían sus poblaciones de adipocitos, de manera que aparece una “tercera población” que sería un intermedio entre la blanca y la parda. Estudios in vitro demuestran que esta población son células de grasa blanca que se están transformando en grasa pseudo-parda, ya que trataron ambos tipos celulares (células de grasa blanca y parda) con Viagra y sólo cambiaban las blancas.

Por supuesto estamos lejos de alcanzar una pastillita milagrosa que transforme nuestra barriguita en unos abdominales perfectos, pero si esta línea de investigación llegara a buen puerto podría ser un tratamiento determinante en casos de hiperobesidad mórbida y otras patologías similares.

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