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ID-100126206El gran número de microorganismos que habitan en las superficies corporales de los mamíferos tienen una alta relación con la co-evolución con el sistema inmune. Aunque muchos de estos microbios llevan a cabo funciones que son críticas para la fisiología del huésped, pueden plantear una amenaza con las subsiguientes patologías. El sistema inmune de los mamíferos juega un papel esencial en el mantenimiento de la homeostasis con las comunidades microbianas residentes, asegurando así que se mantiene la naturaleza mutualista de la relación microorganismo-huésped. Al mismo tiempo, las bacterias residentes marcan profundamente la inmunidad de mamífero.

Hay dos visiones mayoritarias: la primera, una visión de interior-exterior, en la que efectores inmunes hacen una “estratificación”, reduciendo al mínimo el contacto con el epitelio. Esto se consigue mediante una capa mucosa, proteínas antibacterianas epiteliales y secreciones de algunas inmunoglobulinas, además de una compartimentalización anatómica que favorece o limita la exposición de los microorganismos al sistema inmune. Esta exposición hace que linfocitos T y linfocitos B acudan a la zona a través del torrente circulatorio o por vasos linfáticos, y se promueve una diferenciación de linfocitos B a células plasmáticas. Estas últimas son las encargadas de liberar anticuerpos frente a los microorganismos.

El otro punto de vista, la visión de afuera-adentro, viene descrita desde los primeros experimentos con animales axénicos (libres de gérmenes) y su exposición o no a diferentes microorganismos, haciendo patente una relación entre el desarrollo de nódulos linfáticos y el sistema inmune y la presencia/ausencia de microorganismos.

Algunos científicos empiezan a decantarse por la alteración de la relación sistema inmune-microbiota como un posible origen de algunas enfermedades autoinmunes, ya que el contacto prolongado con estos microorganismos y una alteración en la relación anterior pueden provocar enfermedades alérgicas y una autoinmunidad sistémica, según se ha visto en algunos modelos de ratón.

Sin embargo, todavía hay grandes lagunas en nuestra comprensión de cómo el sistema inmune regula la microbiota. Las preguntas que quedan son difíciles y requieren de la innovación de nuevas herramientas y enfoques, que ofrezcan nuevas oportunidades para mejorar la salud humana.

Para más información, acudir al artículo original:

http://www.sciencemag.org/content/336/6086/1268.long

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